Tandy no dejó indiferente

Tandy, direcció Angélica Liddell

Tandy  no dejó indiferente. Una composición escénica que, a priori, podríamos dividir en dos tiempos nos condujo hacia diferentes estratos de la psique humana. Como ya viene siendo habitual en su trabajo, la propuesta de la creadora española Angèlica Liddell nos introdujo en su particular modo de entender cómo algunos de los, digamos, traumas que acarrea el género humano se metamorfosean en el cuerpo a partir de su trabajo expresivo sobre la escena.

Asumiendo el significado de trauma en alemán, Traum, es decir, sueño y herida, Liddlel nos presenta varios personajes que parecen deambular por la vida bajo una existencia anclada en el peso de los símbolos que se esconden tras los sueños. Más que una cadena de situaciones, nos encontramos con alguna que otra excusa causal con el fin de presentarnos a los personajes que conforman la obra. Personajes que van acercándose al límite de su propia resistencia a partir de prácticas corporales un tanto desgarradas.

Como anunciábamos al principio, si dividimos la pieza en dos tiempos, éstos atienden a directrices regidas por la intensidad de la acción. El primero, aún transcurriendo mucho más lento, acoge ese drama a modo de catarsis. Una especie de éxtasis constante que en algún momento llega a ser incluso asfixiante. El motivo de la asfixia no es tanto el no poder soportar el dolor ajeno, sino más bien, el encontrarnos ante una serie de prácticas corporales que se originan en la experimentación real de los actores, es decir, buscar en la propia vida cómo sanar aquello que, en mayor o menor medida, a todos nos ha podido marcar. Obviamente, las huellas vitales pueden entenderse desde la aflicción, como parece ser el caso, o, también, desde el aprendizaje.

En el segundo tiempo, la pieza da un pequeño giro guiado por el tempo textual. La voz de la coreógrafa va induciéndonos a reflexionar a cerca de algunas dudas existenciales ancladas en el amor o la posibilidad de creer en Dios.

Esta segunda parte, caracterizada por la presencia del texto y por una sucesión de imágenes con una fuerte carga poética,  es sin duda mucho más reflexiva y sugerente. Comunicar e interpelar sin caer en esa necesidad del auto-sacrificio. Tandy nos regala múltiples imágenes, casi a un modo fotográfico. Apariciones de cuerpos y objetos que se deslizan en la escena buscando algo que solo se hace presente mediante su propia ausencia.

*Imma Prieto és crítica d'Art i Comissaria Independent. Professora d'Art Contemporani i Nous Mitjans a l'ERAM.



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